Rafael Soto Moreno nació en la jerezana calle Cantarería, el 2 de febrero de 1940, hijo de Francisco de Paula Soto Peña y de Tomasa Moreno Monje. Diestro adulado por intelectuales y admirado por los aficionados de todo el mundo es una leyenda viva del toreo. Su toreo de capote y muleta es un monumento al arte de torear. La afición de Jerez, con motivo de su faena al toro “Sedoso”, de Marqués de Domecq, le descubrió una placa en la puerta principal de la plaza en la que se puede leer, “Rafael de Paula, Rey del toreo”.
Desde muy joven sintió inquietud por la tauromaquia teniendo su primer contacto en la finca “La Peñuela”, propiedad de Fermín Bohórquez, donde su padre trabajaba . Se celebraba un tentadero y el joven Rafael, al estar ayudando a su padre, pidió una muleta para torear formando un auténtico alboroto entre los presentes. Uno de ellos, era el que más tarde fuera su suegro, Bernardo Muñoz, Carnicerito de Málaga quien desde entonces vislumbró sus cualidades artísticas.
Bernardo había sido matador de toros y luego más tarde cambió el oro por la plata y formó parte de cuadrillas cómo la de Manuel Rodríguez “Manolete”.
Su carrera de novillero fue meteórica y muy pronto debuta con caballos. Otra de las personas claves, en sus inicios, fue el empresario de la plaza de toros de Jerez, Pepe Belmonte. El romántico empresario además gestionaba plaza cómo Ronda, La Línea, Cádiz, etc, etc. Contrató al joven torero en muchas novilladas en las que, en principio, se anunciaba cómo Rafael Soto “El Jerezano” o “Paulita”, algo que tuvo corta vida. Se dió la circunstancia, que en una reunión celebrada en Gómez Cardeña, finca de Juan Belmonte, el empresario Pepe Belmonte, ultimaba los preparativos de la cercana Feria de Jerez. Entre los presentes estaban, célebres personajes, cómo Jose Maria de Cossio, el escultor Sebastián Miranda, la rejoneadora Conchita Cintrón y el propio Juan Belmonte. Cossio preguntó, con inquietud, el por qué del nombre de Paula, pues, lo de “El Jerezano” no le hacía mucha gracia. De tal forma que, Pepe Belmonte, explica que se trataba del nombre de su padre, Francisco de Paula, un santo al que le tenía gran veneración la familia del barrio de Santiago. Una vez, aclarada la duda, sentencio Cossio: “Pues se anunciará en los carteles cómo Rafael de Paula”. Así, de esta forma, quedó bautizado artísticamente el joven torero.
Luego, más tarde, tras muchas actuaciones como novillero en plazas del rincón del sur, en su mayoría, llegó el doctorado de manos de Julio Aparicio, como padrino y Antonio Ordóñez de testigo, con toros de Atanasio Fernández. Tardó mucho en confirmar la alternativa y sus actuaciones en los años 60 se centran en la provincia de Cádiz en su mayoría. Fue a partir de su presentación en Las Ventas, catorce años después, cuando el paulismo se extendió por toda la geografía taurina. Este año, de 1974, es clave pues traspasa las fronteras su toreo de duende y pellizco. La tarde de su confirmación destacó sobremanera el quite por verónicas que realizó en los terrenos del 7. Aquel quite, denominado “el quite de el milagro”, aún es recordado por su magisterio y cadencia. Ese mismo año el coso de Vistalegre es el escenario de una de las mejores faenas de su vida. Se trataba de una tarde especial ya que el maestro Antonio Bienvenida se despedía tras una más que dilatada carrera profesional. Completaba la terna Curro Romero. Ante un toro de Bohórquez, Paula, protagonizó una faena para la historia por su plasticidad y profundidad. Incluso el prestigioso escritor José Bergamín, se inspiró en aquella tarde, para escribir el libro “La Música Callada del toreo”.
A pesar de sumar pocos contratos goza de gran cartel llegando a torear tres tardes seguidas en la Feria del Caballo. Sin duda, uno de los exponentes más altos del arte de torear, no faltaba en la conocida y desaparecida “Corrida del arte”, compartiendo cartel con Curro Romero en innumerables ocasiones. También no fueron pocas las ocasiones que hizo el paseíllo en la también desaparecida Corrida Concurso de Ganaderías. A finales de los setenta, lleva a cabo otra de sus faenas mágicas, al cortar dos orejas y rabo al toro “Sedoso”, de la ganadería “Marqués de Domecq”, en 1979.
La década de los 80 no es fácil para el diestro jerezano, aunque sí, se sigue prodigando por las plazas del sur. En varias ocasiones se encierra con seis toros concretamente en plazas cómo El Puerto o Sevilla donde el 12 de octubre de 1986 cuaja una excepcional faena al quinto de la tarde cortando dos orejas. Pero, sin duda, la siguiente temporada (1987) quedaría marcada por la faena al toro, de Martínez Benavides, en Madrid con motivo de la Feria de Otoño. Aquella faena perdura en la memoria de la afición madrileña por su emoción y seriedad del toro. El toreo de mano baja con la diestra fue sublime así como los naturales frente por frente que pusieron la guinda a una faena en la que Paula parecía estar en estado onírico. La espada le privó cortar trofeos pero la afición lo obligó a dar una clamorosa vuelta al ruedo.
Esta ha sido una de las cotas altas alcanzadas por Rafael de Paula quien no deja indiferentes a nadie por su singular personalidad. Su carrera fue decayendo en n úmero de festejos a medida que avanzaban los años con sólo esporádicas faenas sobre todo en su ciudad natal. El final llegó la tarde del 18 de mayo de 2000 alternando con Curro Romero y Finito de Córdoba. Ante la impotencia de no poder matar sus dos toros en un arrebato de rabia se arrancó la coleta. La plaza fue en clamor apoyando al torero que se refugió en la barrera desolado.
Resumir la carrera de este toreo con cifras y datos sería injusto con su toreo que ha sido más de calidad que de cantidad. Faenas inmejorables fueron malogradas con la espada y quites antológicos se difuminaron en tardes de más pena que gloria.
Poco tardó en llegar un más que merecido homenaje en su ciudad natal. En el Hotel Jerez, la plataforma “Una Firma por el Arte”, le tributó un reconocimiento a nivel de profesionales taurinos y aficionados. Toreros cómo Julio Aparicio, José Tomás, Juan Jose Padilla, El Juli, etc, etc así cómo los rejoneadores Álvaro Domecq, Antonio y Luis Domecq y Fermín Bohórquez padre e hijo. Multitudinario y emotivo resultó este reconocimiento que congregó a numerosos artistas de toda índole. El 11 de junio de 2002 recibió la Medalla de Las Bellas Artes de manos de S.M el Rey Juan Carlos cómo reconocimiento a su aportación al arte de torear.
Pero sin duda el homenaje por excelencia lo recibió en la plaza de toros de Las Ventas, el 1 de abril de 2006. Jose Miguel Arroyo “Joselito” y Morante de la Puebla, mano a mano, para homenajear la figura de Paula. Con un lleno de “No hay billetes” se llevó a cabo el festival que congregó a aficionados de todos los puntos geográficos del mundo.
Su estampa de torero añejo cruzando el albero madrileño con el sombrero de ala ancha queda ya, por siempre, en el recuerdo, así cómo, la ovación de la plaza en pie al saludar Rafael de Paula, torero de toreros.
Por José Antonio Jiménez.

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